Arte

Regreso al futurismo con Depero

(F.R.Pastoriza – La Opinión de Málaga, 06/11/14) – La Fundación Juan March reúne en Madrid más de 300 obras del precursor de las instalaciones multimedia y las performances.

Durante los primeros años del siglo XX surgieron en Europa una serie de movimientos artísticos y de pensamiento cuyo objetivo era revolucionar el arte y las estructuras del comportamiento y las costumbres sociales, buscando nuevos caminos de expresión pero prescindiendo de la tradición y del pasado.

Uno de los más radicales de estos movimientos de vanguardia fue el Futurismo, que pretendía revolucionar el arte atendiendo exclusivamente a los símbolos de los nuevos tiempos y las conquistas de la industrialización: el maquinismo, la velocidad, el progreso. En su primer manifiesto, publicado en Le Figaro en febrero de 1909, Filippo Tomaso Marinetti, su fundador e impulsor, proclamaba un nuevo canon estético en el que «un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia».

Escritores, pintores, escultores, arquitectos… atendieron la llamada de Marinetti y formaron un grupo heterogéneo e interdisciplinar que protagonizó algunos de los más llamativos acontecimientos revolucionarios del mundo del arte y la cultura de aquellos años.

Los orígenes de algunos futuristas estaban en el anarquismo y el socialismo, aunque en su evolución ideológica terminaran simpatizando con los totalitarismos fascista y estalinista. El amor al peligro y a la temeridad, la exaltación de la violencia, la glorificación de la guerra como higiene social, el desprecio a la mujer, valores todos ellos proclamados por Marinetti en sus manifiestos, advertían ya de la deriva ideológica del futurismo.

El estallido de la Gran Guerra fue, al tiempo que el comienzo del fin de su itinerario, la puesta en vigor de algunos de sus principios: Luigi Russolo, Umberto Boccioni, Antonio Sant’Elia o Mario Sironi, se alistaron voluntarios y algunos murieron en la contienda. Los futuristas habían pedido la entrada de Italia en la guerra para liberar los territorios lingüística y culturalmente italianos aún bajo el imperio austrohúngaro.

Entre los artistas que se adhirieron al movimiento estaba Fortunato Depero (1892-1960), pintor, escultor, diseñador, escritor y dramaturgo. A la obra de Fortunato Depero y a su figura está dedicada la exposición que estos días puede verse en la sede de la Fundación Juan March de Madrid, compuesta por más de 300 obras entre pinturas, esculturas, documentos, objetos, libros, revistas, etc. y una selección de obras y textos de otros futuristas como Balla, Carrá, Boccioni y el propio Marinetti. Una muestra deslumbrante en la que el futurismo brilla por encima de sus propuestas estéticas, con instalaciones como la recreación de la escenografía de los ballets rusos para El ruiseñor, de Diagilev, o la emisión radiofónica de sus poemas a través de un montaje de aparatos de época.

Fortunato Depero se integró oficialmente en el Futurismo en 1915, año en el que firma con Giacomo Balla el manifiesto Reconstrucción futurista del universo, que proclamaba la fusión del arte con todos los aspectos de la vida cotidiana, como el mobiliario, la moda, la música, el cine, la literatura o la cocina. Depero también se alistó voluntario en la Gran Guerra, de cuya experiencia salieron algunos de sus dibujos más enigmáticos. Fue uno de los primeros fundadores de un museo de autor, la Casa d’Arte Futurista, dedicado a su obra en Rovereto, recreada en esta exposición (algunos consideran este museo como antecedente de la Factory de Andy Warhol o los talleres de Koons y Hirst).

Futurismo y regreso al pasado

En este empeño de llevar el arte a la vida, Fortunato Depero fue uno de los más febriles constructores del universo futurista, al que aportó sus visionarias creaciones, algunas de las cuales pueden ser consideradas como antecedentes de las instalaciones multimedia, los happenings y las peformances.

Depero había nacido y estudiado en Fondo, villa de la provincia de Trento, en el norte de Italia, cuando esta región aún pertenecía al imperio austro-húngaro. En su juventud asombraba por una obra en la que incluía el horror, lo grotesco y la literatura maldita, despojada de influencias y adornos decimonónicos decadentes y simbolistas. Con la vista puesta en Florencia, donde se libraba la batalla por el futuro del arte, se instaló en Roma, la ciudad que le proporcionó los primeros contactos con los futuristas, incluido el del propio Marinetti. En 1914 consiguió colgar alguno de sus cuadros en la Exposición Libre Futurista Internacional, donde además de los futuristas figuraban Kandinsky y Archipenko. En su obra buscaba una nueva estética de la realidad a través de lo que definía como «plasticidad compleja», abstracta, transparente, luminosa, colorista, en continuo movimiento… opuesta a la plástica estática, opaca, incolora, pesada, monótona, silenciosa y «fétidamente fúnebre» del clasicismo. Entre sus invenciones destacan el Motorruidismo, el Drama Abstracto Picto-plástico, la Arquitectura dinámica y las Palabras en libertad. Antes de terminar la guerra, en 1917, regresó a la figuración y al paisaje en el que situaba sus personajes: marineros, aldeanas y fumadores. Después de una estancia en Capri en 1918, se alejó del futurismo, desencantado de la civilización moderna y de las proclamas de Marinetti. En su nueva etapa experimentó con nuevos materiales, como los tapices, a los que denominaba cuadros de tela.

A pesar de sus éxitos en Europa, Nueva York, ciudad a la que consideraba como la capital mundial de la cultura, no le concedió el reconocimiento que buscaba. Estuvo en dos ocasiones, la primera en 1929 y 1930 y la segunda entre 1947 y 1949. Sin embargo la ciudad le aportó una nueva visión sobre el futuro del arte y la civilización contemporáneos.

En Nueva York fue consciente del verdadero rostro del futuro tecnológico con el que los futuristas habían soñado. Ese futuro no era la Ciudad solar ensalzada en los manifiestos, sino un caótico y hormigueante crisol de razas y gente apesadumbrada, jadeante, insensible, desconfiada, violenta y asustada. La ciudad soñada no era sino una prisión tecnológica.

De vuelta a Italia, se instala definitivamente en el Trentino, esta vez en Rovereto, para recuperar el contacto con la realidad en sus paisajes y en los valores de la tierra y la familia. A partir de 1935 su pintura se fue alejando cada vez más del Futurismo para centrarse en las temáticas naturalista y rústica.

Original source: http://www.laopiniondemalaga.es/cultura-espectaculos/2014/11/08/regreso-futurismo-depero/720750.html?utm_source=rss

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