Ciencias

La escuela de drones pacíficos

(J.Barreno – El Mundo, 13/09/14) – Si Isaac Asimov hubiera anunciado hace 50 años que unos aparatitos voladores no tripulados podrían buscar a personas extraviadas desde tres kilómetros de altura no le hubiéramos hecho demasiado caso. Y si, además, hubiera afirmado que los drones iban a estudiar erupciones volcánicas, luchar contra los cazadores furtivos o detectar minas antipersona, menos todavía.

Cartografía, oceanografía, meteorología, producción periodística, agricultura inteligente, reparación de aerogeneradores, ayuda en situaciones de emergencias. Estos aparatos voladores sin piloto pueden utilizarse para casi todo. Han pasado más de cinco años desde que, el 23 de enero de 2009, un avión no tripulado de la CIA destruyera una casa en Pakistán y matara a sus habitantes. Era el primer ataque de un dron en la historia de EEUU.

Desde entonces, y según un informe de la Oficina de Periodismo Investigativo, entre enero de 2009 y enero de 2014 más de 2.400 personas murieron por ataques de drones de EEUU en Pakistán, Afganistán, Yemen y Somalia. Al menos 273 eran civiles, muchos de ellos niños. Pero la percepción bélica de estos instrumentos está cambiando.

Situaciones de emergencia

Nos acercamos hasta el Parque Tecnológico de Walqa, cerca de la ciudad de Huesca, donde unas cuantas empresas se dedican principalmente a las tecnologías de la Información, a la Biotecnología y a las Energías Renovables.

En este pequeño polo productor tecnológico del norte de España comenzará el lunes el primer curso de operadores de drones en situaciones de emergencia de Europa, que contará además con un certificado oficial universitario emitido por la Universidad Rey Juan Carlos.

«Las posibilidades de este tipo de tecnología usada en operaciones de rescate es inimaginable. Por ejemplo, podemos buscar a personas perdidas en un área muy grande, incluso de noche, gracias a una cámara térmica que proyecta la imagen del individuo en tiempo real. Desde dos o tres kilómetros de altura se puede ver al perdido como si fuera una tea ardiendo», nos comenta Santiago Cuesta, director de formación de SRF Profesional, la escuela que imparte el curso.

Se pueden ver imágenes de una infraestructura dañada por un terremoto o por una explosión de gas y saber si hay que evacuar o no, estudiar por qué los productos fitosanitarios o el agua no llegan a una parte de un terreno agrícola o revisar postes de alta tensión o aerogeneradores defectuosos.

«Lo importante es tener imágenes en tiempo real. Después ponemos los drones allá donde queramos. En un accidente como el que ocurrió con el AVE en Santiago servirían para obtener datos. Gracias a la imagen podríamos dar información rápida a los médicos y enfermeros y así priorizar la evacuación de las víctimas», añade.

El curso, que por el momento tiene 15 alumnos y cuesta la friolera de 6.000 euros, durará cinco semanas. Cuenta con 180 horas de formación, 20 de las cuales, que incluyen el uso de simuladores de vuelo y triage, se hacen por internet. Además, es necesario hacer 100 horas presenciales sobre mantenimiento, pilotaje y montaje de drones y otras 60 horas de formación multiárea, que abarcan materias tan diversas como pilotaje con fuego, inundaciones, rescate vertical, riadas y tsunamis, control de infraestructuras…
Los requisitos para pilotar un ‘dron’

La regulación actual, establecida en el Real Decreto-ley 8/2014, de 4 de julio de este año, dice que para pilotar un drone hay que hacer un curso de 50 horas teóricas y 10 prácticas, que debe estar regulado por una ATO, que es una escuela de pilotos de vuelos comerciales.

«Nosotros entendíamos que eran pocas horas y lo que hemos hecho ha sido implementarlo con más horas de topografía, más horas de meteorología, taller y 60 horas de pilotaje en cualquier ambiente. Se acostumbrarán a volar con velocidad de viento de 40 kilómetros por hora, con lluvia… Tecnológicamente el mayor problema al que nos enfrentamos es la aún escasa autonomía de las baterías», concluye Cuesta.

La legislación actual mantiene la prohibición de sobrevolar núcleos urbanos y distingue tres categorías de drones: que pesen menos de dos kilogramos, entre dos y 25 kg, y más de 25 kg. Los aparatos de más de 25 kilogramos necesitan una matrícula de identificación y un permiso especial. Cualquier piloto de aeronaves comerciales, privadas e incluso ultraligeros puede pedir la licencia de piloto de drones.

Aunque actualmente existen unas 200 empresas dedicadas a este sector tecnológico se calcula que, en un par de años, podría llegar a haber entre 700 y 1.000 empresas, y más de 10.000 pilotos. Algunas iniciativas sin ánimo de lucro como Drones Rescue Spain (DRS) pretenden ayudar desinteresadamente en las tareas de emergencias.

De momento, Bruselas prevé que la fabricación de drones civiles acaparará en una década el 10% de la facturación del sector aeronáutico, lo que supone un volumen de negocio de unos 15.000 millones de euros anuales, y creará unos 250.000 empleos para 2050.

La creciente miniaturización y el abaratamiento de costes están permitiendo que los drones se reproduzcan como setas. Si en los 70 asistimos al nacimiento del PC, en la próxima década asistiremos al nacimiento del drone personal. Puede que el futuro de la aeronáutica sea no tripulado, incluso en el transporte civil. Pero, como en otros campos de la ciencia y de la tecnología, antes habrá que superar importantes barreras psicológicas.

Original source: http://www.elmundo.es/ciencia/2014/09/13/5413298c22601d04648b4580.html

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