Cultura

Aita Barandiaran, el guardián de la memoria

(M.Esnaola – Deia, 23/11/14) – Leyendas, mitos, hallazgos arqueológicos… El infatigable antropólogo, etnógrafo e historiador Jose Miguel de Barandiaran siguió las huellas de nuestros antepasados vascos y construyó un inmortal legado que todavía hoy, 125 años después de su nacimiento, pervive.

Hace 23 años que falleció Jose Miguel de Barandiaran (1889-1991), pero el tiempo no ha logrado que el pueblo vasco olvide su figura ni sus aportaciones al mundo de la antropología, la etnografía y la historia, entre otras disciplinas. El 31 de diciembre se cumple el 125º aniversario de su nacimiento, y su pueblo natal, Ataun, y la sociedad vasca en general, homenajearán al conocido sacerdote y sabio guipuzcoano. Mientras, quienes tuvieron el placer de trabajar con él recuerdan su labor e intentan transmitir su valioso legado.

“Fui alumno suyo y le acompañé durante más de 20 años en excavaciones. Trabajamos muchísimo juntos”, asegura el arqueólogo y antropólogo Jesús Altuna, una de las personas que mejor conoció a Aita Barandiaran. “Soy uno de los que ha recogido su testigo; y con alegría y lo mejor que puedo, lo llevo adelante”, afirma el investigador de Berastegi. Aun así, cree que cada vez hay que especializarse más: “El avance de las ciencias hace que uno no pueda llegar a todo lo que llegó Barandiaran, ni mucho menos”.

Otros, en cambio, se encargan de cuidar y de ayudar a divulgar y preservar el legado del estudioso vasco. Éste es el objetivo principal de Barandiaran Fundazioa, creada por el sacerdote junto con Eusko Ikaskuntza. El patronato está también compuesto por el Gobierno vasco, las tres diputaciones, el Gobierno de Nafarroa y el Ayuntamiento de Ataun. “Nos reunimos continuamente, ya que todos los días sale algo nuevo sobre él y se habla sobre su figura”, afirma el presidente de la Fundación, el arrasatearra José María Vélez de Mendizabal, quien apunta que su labor más importante hoy en día es dar a conocer su obra.

Éste recuerda que en su tierna infancia conoció al antropólogo, porque trabajaba en las excavaciones de Lezetxiki, en Arrasate, donde él vivía. “Después, cuando fui viceconsejero vasco de Cultura, tuve la oportunidad de conocerle y también participó en algunas de mis publicaciones”, agrega. Y es que las personas que tuvieron alguna relación con él coinciden al señalar que siempre se desvivía por los demás.

Pionero y líder

“Más allá de todos sus descubrimientos, Aita Barandiaran brilla con luz propia porque además fue humanista”, subraya Vélez de Mendizabal. A su juicio, por encima de todo prestaba atención a la humanidad y buscaba la dignificación de la persona. Por otro lado, más allá de pionero, fue un gran líder. “Pero no como los líderes de hoy en día; era válido y le aceptaban como tal desde el principio”, asegura. “No menospreciaba a nadie y conseguía que todos se acercaran a él”, añade. Según declara el presidente de la Fundación, fue un auténtico líder en el Seminario de Vitoria, donde fue rector y profesor a partir de 1926, época en la que el seminario era el crisol de las humanidades de Euskal Herria.

Por otro lado, también destaca su labor científica. “Junto a Eguren y Aranzadi, creó la arqueología moderna”, declara, y agrega que eso fue en parte por haber elaborado una metodología. Entre algunos de los importantes hallazgos que realizó cita el húmero de una mujer prehistórica en Lezetxiki, el hueso humano más antiguo de Euskadi, importantes herramientas del paleolítico encontradas en la cueva de Sara e innumerables megalitos.

Si tuviese que destacar alguna faceta profesional de Aita Barandiaran, Altuna elegiría la etnografía, y lo haría por una razón concreta. “Aunque no hubiese excavado los yacimientos, habrían continuado ahí. Eso no se pierde -continúa-. En cambio, en cuestiones de etnografía él arrebató mucho a la muerte, recuperó cosas que iban a desaparecer por completo”. Mencionó, por ejemplo, el tema de los jentilak, personajes mitológicos que gracias al etnógrafo siguen teniendo gran protagonismo en su Ataun natal. “Todo un mundo de tradiciones, de decires antiguos, de mitos, de leyendas, de actos mágicos… Eso que pertenecía al espíritu de los caseros con los que él hablaba, no habría llegado hasta hoy en día”. El arqueólogo asegura que muchos domingos, día en el que descansaban de las excavaciones, le acompañaba de caserío en caserío a recoger historias.

En su opinión, el legado principal del sacerdote ataundarra está en una revista que él fundó, Eusko Folklore, donde mensualmente publicaba leyendas que le contaban en diversos puntos de Euskal Herria. Recorrió todos los territorios y prestó bastante atención a Iparralde, ya que se exilió a Sara en 1936. Ese legado está reflejado en la revista, donde también incluyó materiales para componer una primera Mitología Vasca. “Sin recurrir a él, no se puede hacer un trabajo en Euskal Herria sobre la mitología del pueblo vasco”, sentencia. Altuna insiste en que todo el legado cultural, tradicional, mitológico y el pensar de este pueblo está recogido gracias a Barandiaran. “Eso, el pueblo se lo debe a él, obviamente; los pueblos tienen historia, y un pueblo sin historia es muy triste”.

El discípulo y amigo de Barandiaran también recuerda a Julio Caro Baroja, de cuyo nacimiento se conmemora estos días el primer centenario. “Siendo estudiante en Madrid, asistió a unas excavaciones que dirigía Barandiaran, y de aquella experiencia publicó lo siguiente: “Mientras en la universidad teníamos que aguantar grandes tabarras, Barandiaran nos daba ideas muy claras y exactas sobre el método histórico cultural… Total, que de una cueva paleolítica de Bizkaia y un sacerdote católico vasco se saca más materia universitaria que de las aulas madrileñas”. Esto lo escribió muchos años más tarde, en los años 60, en su libro Los Baroja”, explica Altuna.

Reconocimiento

“El pueblo le ha reconocido, el pueblo le conoce”. Altuna tiene claro que el trabajo de Barandiaran no ha pasado desapercibido. Aun así, lamenta que la imagen que haya quedado de él sea la de los últimos años de vida, cuando nació la televisión vasca. “No vieron al Barandiaran enérgico, pero de alguna manera ya se sabía que había tenido una vida llena de estudios y labores de investigación”, admite.

Por su parte, Vélez de Mendizabal considera que hay que darle más protagonismo a una figura tan importante como la de Aita Barandiaran. “Es importante que periódicamente se hable de él”, declara, convencido de que no hay por qué esperar a una efeméride. “Cada año nace gente, los niños van al colegio, y todos tienen el derecho de conocer su historia”, continúa. Por eso, el presidente de Barandiaran Fundazioa apuesta por una “labor repetitiva”, para que las nuevas generaciones también hablen de esta “personalidad de primera fila”.

Por otro lado, Altuna cree importante que se continúe con la labor que un día emprendió el ataundarra, que terminó convertido en una especie de guardián de la memoria vasca. “Para ello, es fundamental que la gente trabaje duramente desde la universidad”, señala. A modo de conclusión, menciona unas palabras que el sacerdote le dijo años atrás, cuando empezó a excavar con él en 1958: “Hay que trabajar con sumo cuidado para reflejar bien toda la historia”. “Jose Miguel Barrandiaran fue maestro en eso”, finaliza Altuna.

Original source: http://www.deia.com/2014/11/23/ocio-y-cultura/cultura/guardian-de-la-memoria

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