Culture

Cómo una niña de la calle se convirtió en una artista

(J.Badcock – BBC, 29/06/16) – Lita Cabellut es una de las artistas más exitosas de España, pero es apenas conocida en su país de origen. Es más, la mujer cuyos cuadros se venden ahora por cifras que superan los seis ceros pasó sus primeros años viviendo en la calle.
“Mi infancia fue como la de miles de niños de la calle en todo el mundo”, dice Lita Cabellut. Ella solía vagar por las calles de Barcelona con otros niños sin hogar y durmiendo a la intemperie.
“Nos cuidábamos el uno al otro. Hacíamos todo lo que queríamos. Tomábamos monedas de las fuentes, pedíamos encendedores Zippo a los marineros y robábamos billeteras a los turistas. Solíamos ir a los restaurantes y mentíamos diciendo que nuestro padre estaba en el baño para que nos sirvieran, para luego devorar la comida y salir corriendo”.

Cabellut nació en un pueblo de Aragón, al noreste de España, en 1961. Cuando era un bebé, se trasladó con su madre a Barcelona. Su madre tenía un prostíbulo en la ciudad y la niña se quedó al cuidado de su abuela, pero en realidad, pasaba la mayor parte del tiempo en las calles.
“Hacía los mandados para las prostitutas. Me daban dinero para comprar paquetes de cigarrillos, bocadillos, condones o joyas, y yo me quedaba con el cambio”.

Mirando hacia atrás, ella dice que “el arte, por supuesto, estaba allí porque el arte está siempre a nuestro alrededor”, pero no pensaba en él como en un sentido formal, estaba preocupada por la supervivencia.
“Un niño nunca reconoce el arte como algo separado. Vendí estrellas de mentira en las calles. ¿No es eso una verdadera representación de arte? Pero para mí fue una manera de sobrevivir”.

“Ser superhéroes”
Cabellut no fue a la escuela y nunca se le pasó por la cabeza que algún día se convertiría en una de los artistas españolas de más éxito.
“Mis expectativas eran ser bailarina, volar, correr, ser más fuerte que todos los niños a mi alrededor. La expectativa de un niño es siempre la misma, sean pobres o ricos: queremos ser superhéroes”, dice.

De acuerdo con el informe anual 2014-15 compilado por Artprice, el único artista español vivo que vende más pinturas que Cabellut es el mallorquín Miquel Barceló.

Sus retratos vívidos pueden venderse por US$100.000 o más. Actores como Hugh Jackman y Halle Berry, así como el cocinero, Gordon Ramsay, reportaron tener una de sus creaciones.
Entonces, ¿qué cambió el curso de la vida de Cabellut tan dramáticamente?

Inspiración
La abuela de Cabellut murió cuando ella tenía unos 10 años entonces ella terminó en un orfanato de Barcelona antes de ser adoptado por “una hermosa familia catalana” cuando tenía 12 años.
Cabellut no cuenta mucho acerca de ellos, excepto que la introdujeron en el mundo del arte. La llevaban al museo del Prado de Madrid, y cuando tenía 13 años, le mostraron la oscura e inquietante “Romería de San Isidro”, del artista Francisco Goya, obra que fue pintada entre 1820 y 1823.
“Reconocí en esta pintura las expresiones en los ojos de las personas que me crucé en las calles cuando era pequeña”, cuenta.

“Esta pintura describe la locura, la esperanza, los momentos terribles que el ser humano puede atravesar cuando pierde su seguridad. Para mí, cuando vi esta pintura por primera vez sentí la complicidad de ser un testigo”.
La obra de Goya provocó tanto impacto en Cabellut, que ella trató de copiar al artista en una de sus pinturas más dulces que representa a un chico de campo acompañado de una niña y un pequeño perro. El resultado no fue espectacular, pero su familia adoptiva la alentó para continuar con la pintura e incluso pagaron por profesores particulares para compensar el tiempo perdido.

Educación
Y por primera vez en su vida, ella también empezó a ir a la escuela. “Fue muy difícil para mí la escuela, porque yo estaba muy atrasada. Es difícil empezar a aprender a leer y escribir cuando tienes 13 años, y luego está la dificultad psicológica de que te introduzcan en una clase donde todos los niños son mucho más jóvenes. Tenía un montón de clases particulares en casa. Era necesario porque tenía que aprender todo”.
Poco a poco, Cabellut fue avanzado en la escuela. Comenzó a escuchar la “voz del arte” y decidió estudiar arte en la Academia Gerrit Rietveld de Ámsterdam.
“En ese momento era difícil entrar en esta escuela. Tenían una buena reputación en los años 80 e ingresar era en parte una de mis grandes ambiciones. Una vez más, quería ser un superhéroe. Tenía pasión, dedicación, se le puede llamar el delirio, un tremendo hambre”.

Los “tres grandes maestros” que influyeron en ella fueron el español Goya, el escultor florentino renacentista Donatello y el compositor alemán Bach. Después de graduarse, se instaló en los Países Bajos y ahora tiene un estudio en La Haya, pero el éxito no fue fácil.
“Hice cosas como darle a alguien una pintura para que ellos luego pagaran la factura de electricidad y pintar una casa para obtener tres meses de crédito” en un supermercado.

“Cuando se está en un periodo de crecimiento como artista tienes que defenderlo con ferocidad porque ese tiempo es necesario para encontrar tu idioma y convertirte en un maestro. Si cambias ese tiempo por dinero, entonces no consigues recuperar ese tiempo para desarrollarte”.

En un momento dado, después de haber establecido una relación lucrativa con una galería de arte de renombre, decidió empezar todo de nuevo, y no vendió nada durante dos años.
“Había pintado una serie impactante sobre la prostitución infantil y mi galerista dijo: ‘No, Lita, no se puede hacer esto. La gente no quiere este tipo de pintura. Pinta más ángeles, los ángeles se venden tan bien… Y dije ‘No’ y perdí mi galería”.
“Un artista tiene que seguir su trayectoria. Así que hoy podrían ser ángeles y mañana demonios y fantasmas. Si no sigues tu desarrollo artístico, se convierte en un desarrollo económico, y eso es muy peligroso”.

¿Retratos feos?
En la actualidad, Cabellut es conocida por sus retratos, que incluyen pinturas de personajes famosos como Coco Chanel y Charlie Chaplin, y por sujetos anónimos que algunos podrían considerar feos.
“No veo gente fea”, dice Cabellut. “Pinto diferentes personas. Puedo pintar personas en las que es necesario encontrar la belleza real detrás de la piel. Tengo una debilidad por los desvalidos y una parte de mí siempre permanecerán con ellos. Lo que me impulsa es el retrato del ser humano, de ti, de mí, de nosotros”.

Cabellut pone sus lienzos bajo un proceso químico muy largo para darles una textura áspera y utiliza técnicas que van desde la “pintura de estudio del siglo 17 al arte en la calle”.
Algunos de sus retratos más grandes miden dos metros de altura y por un par de años debía estar suspendida con sogas para llegar a la parte superior de ellos. No podía estirarse después de quedar lesionada en París, donde recibió un fuerte golpe y heridas por un policía que perseguía a un ladrón.
Aunque Cabellut realizó exposiciones individuales en Londres, Dubai y Seúl, aún tiene que ganar el reconocimiento del público en su España natal.

Dos exhibiciones en 2017 estarán destinadas a poner remedio a esto: una retrospectiva en la Fundación Antonio Vila Casas de Barcelona y una exposición en el museo de arte contemporáneo de A Coruña , donde su estudio será recreado.
“Por supuesto, mis raíces son españolas y siempre serán el españolas. Es hermoso que la gente de tu casa confíen en ti y te besen”.

En cuanto a su madre biológica, Cabellut dice que la perdonó por abandonarla. Ella recuerda una visita cuando era estudiante de pintura, pero le fue imposible decirle cómo se sentía.
Y cuando habla de su trabajo, se refiere de nuevo a su niñez en las calles de Barcelona.
“Todavía siento como que estoy vendiendo estrellas”, dice. “La gente no está comprando sólo la pintura, el lienzo o la resina, sino la magia y la emoción que es el espíritu del arte”.

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