Culture

Y con Rusiñol llegó la Grecomanía

(T.Sesé – La Vanguardia, 05/12/14) – En el andén les esperaba Santiago Rusiñol con los brazos abiertos, rodeado de los numerosos y simpáticos amigos de la población, los modernistas militantes de la localidad”, así arrancaba la crónica publicada en La Vanguardia el 6 de noviembre de 1894 en la que se daba cuenta de la llegada a Sitges de las dos obras de El Greco (la Magdalena penitente y Las lágrimas de san Pedro) que Rusiñol había adquirido poco antes en París. Entre el asombro y el entusiasmo, el periodista relata minuciosamente la triunfal procesión que acompañó los cuadros desde la estación de tren hasta el Cau Ferrat: “El dibujante Labarta, jinete a caballo, enjaezado con antiguos y vistosos arreos, abría la marcha del desfile artístico. A continuación seguía el pintor Romeu (…). Venían luego las pinturas del Greco montadas sobre varas, que sustentaban los artistas. Casas, Clarassó, Maifren y Pichot fueron los portantes del primer torno; después los relevaron Pellicer, Soler y Rovirosa, Tolosa y Brull. (…) Así se puso en marcha aquella pintoresca procesión, desordenada y sin orden, sin prelación de categorías ni puestos fijados de antemano, entre seria y francamente gozosa (…) Es un espectáculo pintoresco, risueño, que casi emociona por lo delicado e imprevisto de la demostración. Todas las ventanas, todos los balcones del trayecto aparecen vistosamente colgados, sirviendo de lindo marco a las hermosas mujeres de Sitges…”.

Es difícil imaginar que haya habido alguna otra ocasión, en algún otro lugar, donde la llegada de unos cuadros de un pintor olvidado -en aquel momento El Greco ocupaba puestos muy bajos en el canon de la pintura hispana- haya despertado tales muestras de alborozo. Pero, más allá de la anécdota histórica, lo valioso de esta historia es ver cómo hay un antes y un después en la apreciación del artista cretense en el mundo del arte hispano después de que Rusiñol pusiera los ojos en él. La historia queda ahora espléndidamente reflejada en imágenes en la exposición El Greco. La mirada de Rusiñol, con la que la Fundación Francisco Godia, en colaboración con Museus de Sitges, se suma -y cierra- la conmemoración del cuarto centenario del fallecimiento de Doménikos Theotokópoulos (Candía, Creta, 1541-Toledo, 1614). La muestra, que reúne unas cuarenta obras, entre ellas diez Greco procedentes de las colecciones catalanas, algunos de ellos prácticamente nunca expuestos, visitará a partir de febrero del 2015 los centros CaixaForum de Palma de Mallorca y Zaragoza.

A Rusiñol la fascinación por El Greco se la había despertado Zuloaga (ver extracto del artículo publicado en La Vanguardia dentro de su sección diaria Desde otra isla) y luego sería él quien se encargaría de expandir el virus de la Grecomanía, primero en Catalunya, y luego por toda España, gracias en buena medida a los artículos publicados en este diario por escritores como Emilia Pardo Bazán. Rusiñol compró los cuadros al catalán residente en París Pere Bosch por 1.000 francos de la época. “Descubre en él a un precursor, un modelo de vida de artista, el que considera que el arte no necesita justificación y escucha sólo su propia voz; un símbolo de modernidad y de regeneracionismo por la vía del arte”, señala Vinyet Panyella, directora del Consorci del Patrimoni de Sitges, y comisaria de la muestra junto a Nadia Hernández, directora de la Fundación Godia.

Pero más allá de su interés como coleccionista, su cercanía con El Greco acabará empapando su propia obra. La paleta cromática de colores (La morfina, Retrato de Miss Mac Flower, Retrato de Carles Mani), los temas (Amor místico, El novicio) o el sentido de la composición (Retrato del actor Riquelme). La identificación de Rusiñol y El Greco es tal que hasta tres artistas (Pichot, Casas y Picasso, para quien sería también una fuente de inspiración: “Yo, el Greco”, escribió en uno de sus cuadernos de estudiante) lo retrataron posando con la mano en el pecho.

La rehabilitación del Greco, que había comenzado en Europa en el siglo XIX, gracias a artistas como Delacroix y Millet, alcanzó cotas de enorme popularidad, como demuestra el hecho de que en 1898 se levantara en Sitges un monumento a su nombre, obra de Josep Reynés, gracias a una cuestación popular (lo urdieron en una tertulia el propio Rusiñol, Miquel Utrillo y Sánchez Ortiz, director de La Vanguardia). Pero la Grecomanía también hizo mella entre los coleccionistas catalanes, que lucharon a brazo partido por obtener una pieza. Muestra de esa fiebre son San Francisco en meditación, Cristo en la cruz, Santiago el Menor o el San Simón, presentes en la Godia bajo el manto del anonimato.

Pese a que el virus salió de Catalunya, Panyella y Hernández marcan diferencias respecto a la valoración del Greco aquí y la que tuvo en el resto del Estado, sobre todo a partir del redescubrimiento por parte de la generación del 98, que reivindica su austeridad y su carácter castellano, lo que Panyella denomina “el alma española”.

Original source: http://www.lavanguardia.com/cultura/20141205/54421110606/rusinol-grecomania.html