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Egipto: infancias robadas en cárceles de adultos

(F.Carrion – El Mundo, 15/09/14) – Omar apenas tiene 13 años pero ya ha vivido su primera experiencia en las infames y saturadas cárceles egipcias. “Venía de visitar a un familiar cuando un policía vestido de civil me detuvo y me llevo a comisaría. Los agentes no pararon de golpearme”, relata a EL MUNDO el adolescente, recluido durante 80 días en una cárcel de adultos.

Como él, cientos de menores de edad han enfilado el camino a prisión desde el golpe de Estado que derrocó hace un año al islamista Mohamed Mursi y desató una feroz campaña de represión contra cualquier disidencia. “Me enviaron a una celda con presos políticos. Resultó fácil convivir con ellos pero los agentes me robaban la comida que traían mis padres y me insultaban y golpeaban a diario”, recuerda Omar, detenido en la ciudad de Damanhur, a 150 kilómetros al norte de El Cairo.

“En el último año 623 menores fueron detenidos con cargos políticos en El Cairo y Alejandría”, confirma a este diario Ahmed Moselhi, abogado de la Coalición Egipcia de los derechos de los niños. “La mayoría de los arrestados tiene entre 14 y 18 años y afronta siempre los mismos cargos: organizar reuniones y manifestaciones públicas; atacar a edificios estatales o propiedades privadas; cortar carreteras; atacar a fuerzas de seguridad y estar en posesión de cócteles molotov”, detalla. Desde la asonada, más de 3.000 personas han muerto y 41.000 han dado con sus huesos en los penales en un triste regreso al estado policial que sojuzgó a los egipcios durante décadas y cuya impunidad sirvió de combustible para la revolución de 2011.

“Lo más dramático es que no hay diferencias entre menores y adultos. Los niños sufren los mismos tormentos. Son confinados con traficantes de droga y ladrones y son atacados por otros reclusos ante la indiferencia de los carceleros”, explica Moselhi. “Al llegar a la cárcel el primer ‘regalo’ que reciben es la llamada ‘fiesta de recepción’. Los agentes se despachan a gusto atizándoles con bastones, a zapatazo limpio o arrojándoles cubos de agua”, agrega. A menudo la detención ni siquiera es notificada a sus padres, que vagan durante días e incluso semanas por comisarías buscando a sus vástagos.

“Viajé a El Cairo con mi hijo para cumplir con algunos trámites. Nos separamos en una boca de metro del centro porque él debía comprar algo. No regresó. Luego supe que había sido detenido”, rememora Masuad Hasan. Abdalá, su retoño de 16 años, fue liberado recientemente. Tampoco se libró del calvario. “Padeció torturas, insultos y golpes y terminó compartiendo habitación con matones y criminales. ¿Por qué? Mi hijo no hizo nada. No tiene afiliación política”, replica su padre.

Las autoridades egipcias han negado sistemáticamente las vejaciones y las pésimas condiciones de vida en las cárceles del país que han documentado organizaciones de derechos humanos locales e internacionales. “Hablar de tortura y violaciones en las prisiones está lejos de la realidad y la lógica. Los centros penitenciarios de este país se han convertido en hoteles”, declaró en julio el portavoz del ministerio del Interior, el general Abdelfatah Osman, durante una entrevista en una televisión local.

Las embestidas policiales contra los menores se han cebado a menudo con familias pobres como de la Alaa Hosan. “Alaa dejó la escuela para ayudar a su padre, que no tiene otro trabajo que el de transportar alfalfa”, cuenta un vecino, que prefiere no revelar su nombre por miedo a posibles represalias. El muchacho, de 16 años, fue detenido cuando paseaba por el centro de El Cairo y trasladado a un cárcel en la carretera de Alejandría. “La familia no sabe de que le acusan y rara vez le visitan en la prisión. Ni siquiera tienen dinero para el viaje”.

En la mayoría de las ocasiones es el azar el que decide el destino. Como en el caso de Mohamed, un quinceañero que selló su descenso a los infiernos cuando una marcha de acólitos del ex presidente desfiló cerca del descampado donde jugaba al fútbol con sus amigos. “La policía lanzó gases lacrimógeno y todo el mundo empezó a correr. Varios hombres vestidos de civil lo arrestaron creyendo que era un manifestante”, señala su padre Abderrahman. “Nos cuenta que hay que esperar cinco horas para ir al lavabo y que duermen en turnos porque las celdas están repletas de reclusos. Cuando queremos hacerle llegar comida tenemos que pagar sobornos”, añade.

Las penurias resultan aún peores en centros de detención para menores, donde organizaciones como Amnistía Internacional han denunciado malos tratos y acoso por parte de los reclusos de mayor edad. Según Moselhi, los jóvenes entrevistados por su grupo confiesan haber sido víctima de acoso psicológico. Un 25 por ciento, además, asegura haber sido obligado a mantener relaciones sexuales con otros internos. “La ley egipcia de protección del menor es buena. El problema es que no se aplica. La única solución es cumplir con las normas y dejar de tratar a los niños como delincuentes y empezar a considerarles lo que son: niños”, reclama el letrado.

Original source: http://www.elmundo.es/internacional/2014/09/15/5412bb72e2704e8e2f8b4573.html

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