(A.Tena – Público, 28/05/20) – 60.000 millones de euros. Esa es la cantidad que Europa ha invertido en el último año en vehículos y baterías eléctricas, según los últimos datos recogidos por Transport&Environment (T&E). La coyuntura de crisis climática y las presiones políticas de avanzar hacia una transición energética han propiciado que el continente se convierta en el principal inversor, adelantando por la derecha a China, que hasta el momento había apostado gran parte de sus cartas a la reconversión del parque móvil.

Las cifras son más llamativas si se tiene en cuenta que la inversión destinada a la transición del sector transporte ha pasado en un solo año de los 3.200 millones de euros a los 60.000 millones. El gigante asiático, por contra, ha disminuido levemente su apuesta por los vehículos eléctricos, al pasar en el último año de invertir 21.000 millones de euros a 17.000 millones.

La voluntad de avanzar hacia un horizonte verde, así como las restricciones a las emisiones de CO2 impuestas a los fabricantes desde las normativas europeas, resultan decisivas para entender este cambio radical. No en vano, las cifras podrían no ser tan grandes si se tiene en cuenta que esta inversión incluye dentro del mismo marco a todos los vehículos eco; es decir, desde los puramente eléctricos, hasta los híbridos enchufables y los híbridos normales, los cuales disponen también de motores convencionales de combustión interna.

Desde la organización T&E celebran la noticia y Saul López, responsable de Transporte Eléctrico, reclama a los Gobiernos europeos que “dupliquen con medidas” el estímulo de esta industria que se abre abre paso y que, debido a la crisis económica del coronavirus, podría quedar dañada, ya que desde el 16 de marzo las plantas de producción europeas cerraron sus puertas.

No en vano, el coche eléctrico se presenta como un arma de doble filo si se pretende que el parque móvil se transforme radicalmente. Si bien es cierto que según las estimaciones de T&E las emisiones de un coche privado eléctrico son tres veces menores que uno diésel o gasolina, su producción masiva presenta serias dudas. Así lo entiende Antonio Turiel, investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autor de Oil Crash, que cuestiona que haya reservas minerales suficientes para garantizar que Europa pueda tener una producción plena de vehículos limpios.

“El gran problema de esta transición es la producción de litio, ya que es limitada y no permite escalar al mismo ritmo. Por otro lado, el cobalto, que es un material esencial para la electrónica de control de las baterías, empieza a ser escaso lo que es un gran problema”, explica el experto. “La capacidad de producción no avala ninguna visión optimista de un despliegue del coche eléctrico masivo. Creo que terminará llegado a muy pocas personas”, agrega.

Según el científico, la inversión masiva en vehículos eléctricos viene dada por las circunstancias de “declive” que experimentan los combustibles fósiles. “Es esto o nada. Sabemos de antes de la crisis de la covid que hay serios problemas con el petróleo, cuya producción estaba ya tocando techo y empezaba a no ser rentable”, apostilla.

Además, la extracción de cobalto suele ir acompañada de vulneraciones de los derechos humanos, tal y como señala un reciente estudio del Real Instituto Elcano: “Más del 50% de la oferta mundial procede de la República Democrática del Congo, un país políticamente inestable y con conflictos internos y donde la minería se ha relacionado con el trabajo infantil”. No obstante el sector del automóvil empieza a avanzar hacia la producción de baterías libres de este material, tal y como anuncio el productor SVOLT Energy Technology, que pretende lanzar un producto sin el codiciado mineral y capaz de otorgar al vehículo 800 km de autonomía.

Esta es una de las razones por las que algunos grupos ecologistas no vean en el coche eléctrico una solución masiva. Nuria Blázquez, responsable de Transportes de Ecologistas en Acción, celebra el incremento de la inversión recogidos por T&E, pero señala cuestiona los hipotéticos beneficios sociales de un despliegue masivo del vehículo eléctrico, ya que la extracción de recursos para la fabricación de baterías podría generar grandes impactos ambientales.

“La mineria tiene grandes repercusiones para el planeta y para los derechos humanos”, comenta Blázquez. De hecho, este reorientación de la industria del automóvil –además del sector energético– se acompaña de una mayor “presión para abrir nuevas minas en Europa”, como ya está sucediendo en Cáceres, donde se prevee explotar uno de los mayores yacimientos de litio de Europa.

No en vano, el coche eléctrico si se presenta como “el coche del futuro”, matiza la ecologista. El principal problema es entender este tipo de vehículos bajo los mismos parámetros que los automóviles convencionales. “Dentro de lo malo el coche eléctrico eléctrico es el coche del futuro, pero siempre la ultima opción. Es importante que se apueste más por el espacio público, el transporte público, a pie o en bicicleta”, argumenta. “Debe tener cabida, otra cosa es que se le deba dar tanto apoyo. Las subvenciones deben ir destinadas a cambiar el modelo y aumentar el papel del transporte público, las bicicletas y caminar. El coche eléctrico debe ser lo último y no tiene porque ser entendido como algo privado, sino que se puede apostar por su uso compartido”.

A.Tena – Público, Europa se lanza a por el coche eléctrico, pero con dificultades para una producción masiva