Navarra

Navarra recuerda a las víctimas fusiladas en Zaragoza en 1936

(Navarra.es, 27/10/18) – Un monolito erigido en el cementerio de Torrero (Zaragoza) recuerda desde hoy a las más de 200 víctimas navarras, pertenecientes al Tercio Sanjurjo, que fueron fusiladas en el campo de San Gregorio, junto a la capital aragonesa, y enterradas en una fosa común en Torrero, en los primeros meses del golpe militar de 1936.

El descubrimiento de la escultura ha tenido lugar en el transcurso de un acto de reconocimiento, presidido por la consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales, Ana Ollo, y promovido por las principales instituciones de la Comunidad Foral: Gobierno de Navarra, Parlamento de Navarra y Federación Navarra de Municipios y Concejos. Ha contado también con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza.

Durante su intervención, la consejera Ollo ha asegurado que el objetivo del acto no es sólo recuperar la memoria de las

víctimas que sufrieron “una violencia injusta e injustificable”, sino también reconocer “el trabajo y compromiso” de sus familias, que consiguieron, hace ya 40 años, exhumar los cuerpos. Una labor, que en opinión de la consejera, “fue clave en la reivindicación de memoria, verdad y justicia, que, en un camino largo, duro, difícil y sin apoyo institucional durante demasiado tiempo, ha hecho posible que estemos celebrando actos como el de hoy”.

En este sentido, ha mostrado a las familias su agradecimiento por la “lección de vida” ofrecida. Por su compromiso con la verdad y la justicia; por su solidaridad con otras víctimas, por su trabajo de reivindicación de la memoria y por su generosidad a la hora de mostrar el camino hacia la convivencia, “sin rencor, sin odio, reclamando la memoria de lo que ocurrió, el recuerdo de la injusticia y el dolor de la barbarie de nuestro pasado como forma de reforzar y afianzar nuestro compromiso con la paz, la libertad, la democracia y los Derechos Humanos”, ha agregado.

Ana Ollo ha recordado los principales hitos de la exhumación, que congregó en Torrero más de 600 personas para recoger los restos de sus familiares. Pero más allá de esta realidad histórica, ha querido destacar la importancia del “relato más personal, más familiar” de sus propias familias reclamando que no se olvide lo ocurrido. “Con ese objetivo, hoy celebramos este acto e inauguramos un monolito. Lo hacemos para recordar, para no olvidar, para que tengamos presentes a aquellos navarros tan injustamente asesinados, y, al mismo tiempo, para reconocer el valor de sus familias al reclamar verdad y memoria para sus seres queridos. Y lo hacemos para que las futuras generaciones puedan vivir, conscientes del pasado, en una sociedad más justa, más ética y más democrática en la que algo así no pueda volver a suceder”, ha concluido.

El acto
Al acto han asistido también la presidenta del Parlamento Foral, Ainhoa Aznarez; el presidente de la FNMC, Pablo Azcona; el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve; el alcalde de Sartaguda, Paolo Albanese, así como miembros del Parlamento, representantes municipales de las localidades de procedencia de las víctimas, de asociaciones memorialistas y alrededor de 150 familiares.

La cita se ha iniciado con el Himno de Navarra, tras el cual han intervenido los alcaldes de Zaragoza y Sartaguda, familiares de asesinados (Paulino Molinet Martínez, Puri Pérez Jaso y Arcadio Ibañez), y la consejera Ollo.

A continuación, se ha procedido a descubrir el monolito conmemorativo, momento que se ha acompañado de un aurresku y de una jota. El acto ha finalizado con una ofrenda floral de los presentes ante la escultura.

El homenaje ha contado con interpretaciones musicales, entre ellas una canción ofrecida por Maité Mené y su hijo Josu Zabala, nieta y bisnieto de una de las personas asesinas y enterradas en Zaragoza.

La escultura es obra de Javier Unzué. Representa a un hombre cabizbajo, con los brazos en alto y con un agujero en el pecho. Tiene un doble significado. Por un lado, simboliza a los asesinados en el momento del fusilamiento, con los brazos en alto mientras una bala atraviesa su corazón. Por otro lado, recuerda el sufrimiento de los familiares que quedan, desgarrados por el dolor y lamentándose con los brazos extendidos y con un hueco en el corazón por la ausencia del ser querido.

Alistarse a la muerte
En el verano de 1936 muchos hombres fueron presionados para alistarse en el Tercio de Sanjurjo y combatir en las filas de los sublevados como vía para escapar de la represión y de la amenaza de una muerte probable.

De esta manera, más de 600 varones, procedentes de decenas de pueblos de Aragón, Navarra, La Rioja y Soria, fueron conducidos a Zaragoza para ser trasladados a continuación a Almudévar, en la línea del frente. Allí llegaron el 29 de septiembre, destinados a entrar en combate.

Sin embargo, las autoridades militares del bando sublevado desconfiaron de ellos, por el riesgo de una posible deserción masiva, y decidieron dar un castigo ejemplarizante. Fueron devueltos al campo de San Gregorio y, en los primeros días de octubre, un número todavía sin determinar de ellos fueron asesinados. Se estima que pudieron ser 224 los navarros allí fusilados. Sus cuerpos fueron trasladados en camiones al cementerio de Torrero y enterrados en una gran fosa común.

Sus familiares nunca los olvidaron, pero hubo que esperar más de 40 años para que se abriera una oportunidad para la exhumación. Tras conseguir la autorización del Ayuntamiento de Zaragoza, el 10 de febrero de 1979 un numeroso grupo de familiares procedente de 16 localidades de Navarra y La Rioja llevó a cabo la exhumación de los restos. Días más tarde, un gran cortejo formado por más de 600 personas acompañó la entrega de los restos a sus familiares. Así, fueron trasladados a sus localidades de origen y enterrados dignamente en los panteones que se estaban construyendo en los cementerios de muchas localidades navarras.

 

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