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Myriam Elorza Mendia: «Los italianos son unos teatreros»

(I.Gòmez Bringas – El Correo, 11/08/13) – Ella se define como «’cantactriz’» porque canta y actúa al mismo tiempo. Su devenir profesional le ha llevado de la música antigua, su gran pasión, a trabajar el futurismo e imbuirse en el jazz. El currículo de Myriam Elorza Mendia es extenso en trabajos y en lugares donde ha vivido. De su Lekeitio natal pasó a estudiar en ciudades como San Sebastián, Vitoria y Madrid. El destino le sacó de España al conocer a su marido italiano, por el que estuvo tres años viviendo en Suiza, y desde 1999 le ha afincado en la bota del mapamundi. Hasta Italia se mudó hace catorce años y por este país ha difundido su arte. Desde el sur al norte, donde ahora vive junto a su esposo y sus dos hijos, en la preciosa bahía marítima de Portofino.

Des pequeña entró a formar parte del coro de Itsasoinua en Lekeitio. Su amor por la música le llevó a diplomarse en canto en la escuela del Orfeón Donostiarra. Y, posteriormente, continúo su formación con distintos postgrados para especializarse y trabajar la técnica vocal en Vitoria y Madrid. En su camino se cruzó un italiano y con él se casó en Suiza y nació su hijo Aitor. «Estuve allí tres años donde ejercía de amatxu y hacía algunos pequeños conciertos», recuerda. Pasado ese tiempo, decidieron volver a Euskadi, donde dio a luz su segunda hija. Pero la crisis de 1993 llevó a esta familia vasco-italiana a tomar una importante decisión, y seis años más tarde se trasladaron a Italia.

Esta vizcaína ha vivido en varias regiones del país transalpino. De las montañas han pasado a vivir a la costa, en la provincia de Génova. En todo este tiempo en Italia, Elorza Mendia ha pasado por distintas etapas profesionales. Se dedicó un tiempo largo a sus hijos, mientras llevaba a cabo algún espectáculo; y en el último período se ha pasado al género del jazz, y a profundizar en la poesía onomatopéyica, «como buena vasca», incide. El año pasado ganó el primer premio del importante festival all’Andersen, que se celebra cada año en el Golfo de Tigullio. Y este año, esta vasca se ha centrado en la representación de esta performance galardonada, bajo el título ‘Belle époque & Tigullio, una scusa per un racconto d’economia’. «Canto y relato poesía tomando como excusa la crisis económica del 29 y su parecido con la situación actual», explica.

«Una crisis muy aguda»
Esta mujer tiene la suerte de poder trabajar sus propios proyectos, pero con mucho esfuerzo. «La crisis en Italia es muy aguda. La situación es grave y donde primero se recorta es en la cultura. Con nuestros trabajos perdemos más que ganamos y cada vez resulta más complicado encontrar apoyos». Se mete la tijera en la cultura, a pesar de que Italia es una obra en sí misma. «Hay demasiado arte por todas partes, y los italianos no lo aprecian. Pueden tener gallinas en una casa de 600 años. Aquí encuentras puentes romanos y frescos en cualquier sitio. Yo en Génova me paro cada dos por tres porque todo es maravilloso, pero los italianos no le dan importancia. Aquí podían vivir del arte, como un gran parque de atracciones».

En el pueblo más remoto del país transalpino se puede hallar una casa datada de hace siglos. Pero la tradición no se valora con tanto ahínco «ni se cuidan los cambios que se llevan a cabo en las ciudades», opina. En contra, se da importancia a otras temáticas, como el fútbol y la política. «Da vergüenza tener un jefe de estado que van a meter en la cárcel, pero aquí están acostumbrados a este teatro porque los italianos son unos teatreros. Les gusta hacerse ver, hacer jaleo en la calle. Hay regiones en donde todas las situaciones se dramatizan. Es fácil ver cómo una pareja se deja en plena plaza, y luego se van a tomar un café».

Es complicado echar la vista atrás cuando ha pasado más de una década. Pero Elorza Mendia aún recuerda que lo que más echó de menos cuando viajó tanto a Suiza como a Italia fue «hacer vida en la calle». Eso de salir de poteo y con los amigos de un bar a otro es cosa del País Vasco, y se añora a kilómetros de distancia. Menos mal que esta vizcaína se sintió un poco como en casa cuando se mudó a Génova. «Los genoveses se parecen a los vascos en carácter, y el paisaje también. Está encima del mediterráneo y el mar se mezcla con la montaña».

«Aún no aprendí genovés»
Ella sabe bien de sensaciones porque ha experimentado impresiones muy variadas en función de situarse al norte o sur de Italia. «A los del sur les llaman ‘terrones’, y la gente del norte es muy diferente a la hora de pensar, más afín a los alemanes». Estas diferencias también afectan al idioma porque no sólo se habla italiano. «Aquí se habla genovés. Yo aún no lo he aprendido, pero mis hijos sí». Esta vasca tiene su particular forma de hablar, ya que mezcla palabras del castellano con el italiano. «Mis hijos me corrigen», destaca con humor.

Italia no está pasando buenos momentos políticos y económicos. La situación, confiesa Elorza Mendia, es «muy similar a España». «Muchos inmigrantes se están yendo porque no hay trabajo para nadie. La gran mayoría de los jóvenes italianos quieren irse al extranjero, ya que el futuro es muy incierto».

Son ciclos que esta lekeitiarra ya ha vivido. En su mente está grabada la última vez que visitó Bilbao el año pasado. «Me sorprendió ver cómo ha quedado la zona de Abandoibarra con el Guggenheim y cómo había gente buceando en la ría. Me fui en 1999 cuando comenzaba la renovación y estaban construyendo el Euskalduna». Con lo que respecta a su vuelta, prefiere dejar una puerta abierta. «Como vasca me gustaría regresar, pero ahora es muy difícil».