(El País, 20/04/20) – Durante este mes de confinamiento han sido muchos los periodistas que nos han preguntado a las organizaciones ecologistas si celebrábamos los efectos positivos que el #YoMeQuedoEnCasa ha tenido sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación atmosférica o la presión humana sobre la vida silvestre.

La respuesta contundente y unánime es que no. Como organizaciones que defienden el interés general no tenemos nada que celebrar en un momento de tanto sufrimiento social. De hecho, esta crisis sanitaria global y sin precedentes, es contra la que venimos alertando durante décadas mediante la insistente denuncia de la grave crisis ecológica que sufre el planeta. Por ello no es motivo de satisfacción especial la mejora momentánea y anecdótica de ciertos indicadores ambientales. Y menos aún, porque no tenemos seguridad de cómo se va a encarar la reconstrucción tras vencer al coronavirus.

En España, por desgracia, tenemos muy reciente la respuesta a la crisis de hace una década, que supuso importantes recortes ambientales y sociales. Entre ellos, el desplome del gasto dedicado a nuestro sistema sanitario y a la protección de la naturaleza. Fue un suicidio. Se apostó por dar un nuevo impulso al fracasado modelo económico del business as usual, basado en la sobreexplotación de los recursos, cuyo impacto sobre la salud de nuestros ecosistemas y sobre nuestras vidas se está demostrando insostenible.

Si miramos al mundo, nuestra preocupación aumenta al observar cómo en plena pandemia de la covid-19 las eléctricas reparten dividendos y el déficit de tarifa se aplica a los hogares; la industria del automóvil está pidiendo que se supriman las limitaciones a las emisiones de los coches, a pesar de que es el sector que más contribuye al cambio climático; el Banco Central Europeo se compromete a comprar bonos de empresas contaminantes sin ningún tipo de condicionante ambiental; la Administración Trump elimina la legislación ambiental; y aquí la Junta de Andalucía, emulando el ejemplo estadounidense, rebaja de un plumazo la suya, bajo el antiguo y falso mantra de que el medio ambiente impide el progreso económico.

Si algo reafirma este doloroso momento es la necesidad de esa transición ecológica justa que las organizaciones ecologistas llevamos reclamando tanto tiempo. De lo contrario, como también advierte el mundo científico, situaciones excepcionales como esta serán cada vez más normales en forma de pandemias, inundaciones, sequías, incendios y otras catástrofes. Por ello Amigos de la Tierra, Greenpeace, Ecologistas en Acción, SEO/BirdLife y WWF nos hemos dirigido a la Comisión Europea y al Gobierno español solicitando que los paquetes públicos de estímulo para reactivar la economía ayuden a aliviar las incertidumbres y garanticen el bienestar de las personas, especialmente de aquellas más vulnerables, pero que también se dirijan a luchar con decisión contra la crisis ecológica en la que también estamos inmersos.

No podemos permitirnos el lujo de perder este tren, necesitamos acelerar el cambio hacia una economía descarbonizada y verde, que proteja y restaure la naturaleza, la salud y contribuya al bienestar de las personas. La reconstrucción de la economía no puede dejar a nadie atrás, ni olvidar nuevamente al medio ambiente. Es la mejor oportunidad de que disponemos, también en términos de empleo, y la única viable a medio plazo. Por ello, reclamamos en Europa y en España una recuperación económica basada en cuatro prioridades económicas esenciales:

  1. Condicionar la distribución de fondos de estímulo y rescate a criterios que fomenten una transición ecológica justa, que persiga los objetivos del Acuerdo de París, revierta la pérdida de biodiversidad y reduzca las desigualdades sociales.
  2. Reformar la fiscalidad para asegurar la continuidad de las inversiones públicas en la reconversión ecológica de la economía y para soportar el endeudamiento. Para ello es necesario presionar a la UE para que excluya la inversión pública en descarbonización y reconversión ecológica de la economía del cálculo del déficit nacional, al menos temporalmente. Además, pedimos que se penalicen aquellas actividades más insostenibles y que más han contribuido históricamente a la degradación ambiental.
  3. Establecer criterios claros de inversión sostenible, para que no queden dudas acerca de qué tipo de inversiones no lo son y se exija a las grandes corporaciones e instituciones financieras estrategias y planes de obligado cumplimiento que incluyan objetivos para detener la pérdida de biodiversidad y para la descarbonización.
  4. Limitar futuras crisis sanitarias actuando globalmente contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el tráfico ilegal de especies protegidas son causas y agravantes de la propagación de enfermedades infecciosas que sólo pueden combatirse y limitarse si se actúa globalmente.

Somos muy conscientes de las dificultades implícitas del momento, así como de las fuertes presiones de ciertos sectores negacionistas, e incluso países, que pretenden aprovechar la crisis de la covid-19 para frenar e incluso acabar con los avances conseguidos en los últimos años contra la emergencia ecológica. Pero nuestras organizaciones llevan muchos años reclamando la urgencia social de una transición ecológica y seguiremos trabajando sin descanso para conseguirlo.

En este sentido, lamentamos que la crisis del coronavirus esté destapando también una gran crisis de valores en Europa. Celebramos que España se encuentre entre los países que apelan a la solidaridad europea y a las inversiones verdes. Esperamos que no cedan frente a quienes apuestan claramente por lo contrario y que esas intenciones se materialicen en verdaderas políticas de transición ecológica.

Las organizaciones ecologistas seguiremos insistiendo en una reconstrucción económica que vele por nuestra salud y la del planeta. La protección del medio ambiente es la mejor vacuna disponible para evitar nuevas pandemias como esta.

Blanca Ruibal (coordinadora de Amigos de la Tierra), Luis Rico García-Amado (coordinador de Ecologistas en Acción), Mario Rodríguez (director de Greenpeace), Asunción Ruiz (directora de SEO/BirdLife) y Juan Carlos del Olmo (secretario general de WWF).

Blanca Ruibal, Luis Rico García-Amado, Mario Rodríguez, Asunción Ruiz, Juan Carlos Del Olmo
El País, Una reconstrucción económica por la salud del planeta y de las personas

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