(Onda Newspaper, 08/12/13)- La Basílica de la Asunción de Santa María de Lekeitio es un hito importante del gótico tardío de Vizcaya. El templo siempre ha llamado la atención por su magnífica fábrica gótica, la escultura de su fachada occidental y la riqueza de su ajuar.

El actual templo sustituyó a otro anterior, posiblemente románico, consagrado en 1287. En la carta fundacional de la villa, otorgada por María Díaz de Haro, Señora de Vizcaya, en 1325, se hace mención de este primitivo templo, “la iglesia de Santa María”, como concesión señorial a los habitantes de la “nueva” puebla a cambio de dos monasterios. Hay constancia documental de que hacia 1374 estaba construyéndose una nueva iglesia, que acaso entronque estructuralmente con la actual. En cualquier caso, se sabe que la fábrica definitiva fue armándose a lo largo del siglo XV y que entre 1485 y 1487 ya era apta para el servicio religioso, considerándose prácticamente terminada.

La siguiente gran intervención tuvo lugar en el siglo XVIII, en 1734, cuando se levantó la torre-campanario en estilo barroco. Por último, entre 1881 y 1884 se acometió una reforma integral, costeada por Pascual Abaroa, que dio a la iglesia su aspecto definitivo. A estos años se remontan la girola, incorporada por el arquitecto Casto de Zavala, la sacristía y el pórtico adosado al lado norte, de cara al mar. Las adiciones se realizaron en un estilo neogótico acorde con el viejo aparejo gótico, dando como resultado un conjunto armonioso. El mismo año de la terminación de las obras, 1884, el Papa León XIII elevó a la iglesia de Lequeitio al rango de basílica menor, la segunda del País Vasco tras la de Santiago (luego Catedral) de Bilbao, que ostentaba el título desde 1819.

Plano de la Basílica.
En 1931 la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento Histórico-Artístico de interés nacional. Desde 1998 es también Bien Cultural del País Vasco en tanto que parte del Conjunto Monumental de Lequeitio.

En los siglos que han transcurrido desde su erección, el tiempo, más que la directa mano del hombre, ha sido el mayor enemigo de la Basílica. Le afectan tanto, en especial en su piedra arenisca, el azote de los vientos del norte como el clima lluvioso, amén de la contaminación moderna que obscurece la piedra caliza. Todo esto pone en peligro las iglesias antiguas y las obras de arte que custodian.

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