Relato participante al XVIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
Copyright © 2026 Angelo Cacciola Donati
La piedra roja
Cuando prendió el chupinazo, Tomás y Vera quedaron atrapados en el latido blanco y rojo de la plaza. Volaban pañuelos, canciones, vasos, brazos desconocidos. En las calles cercanas, los bares abrían como fortalezas de luz: camareros con bandejas imposibles, risas contra la barra, charangas buscando hueco entre la multitud.
Entonces tronó.
Una ráfaga bajó por Mercaderes y la plaza giró como una copa en manos torpes. Vera se sintió dentro de un remolino y percibió que los dedos de Tomás se deshacían entre los suyos.
Cayó sobre una pasarela móvil transparente que avanzaba suspendida en el aire, detrás del Ayuntamiento. Bajo sus pies pasaban Mercaderes, Estafeta: el recorrido entero hasta la plaza de toros desde lo alto, como una memoria iluminada.
Pamplona era más alta, más brillante. Pequeños robots llevaban bandejas, pero detrás de cada barra seguían mandando camareros de toda la vida. Una pantalla flotante decía: San Fermín 2124.
Una mujer le puso un collar con una gran piedra roja.
—Se enciende cuando encuentra el alma gemela.
Un trueno y otro remolino.
Vera apareció junto a Tomás, empapada. La piedra ardía como un chupinazo secreto.
Tomás la miró.
—¿Dónde estabas?
—Aquí —dijo ella—. Pero cien fiestas de San Fermín más tarde.
Copyright 2026 by Angelo Cacciola Donati















