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Los cuentos de Jon Bilbao: la inquietud de lo cotidiano

(Miguel Garrido de Vega, El Asombrario, 09/02/26) – Antes del volcán: los cuentos recuperados (Impedimenta, 2025) no es una colección de cuentos al uso: más bien, se trata del rescate de la piedra fundacional de una obra literaria única dentro del panorama hispanoparlante. Una obra que, con el tiempo, ha ido dando pie a un universo literario tan particular como irresistible; una obra donde lo cotidiano, lo común, lo intrascendente se convierte en fuente de desasosiego infinita, en luz oscura que ilumina los recovecos más insospechados; una obra donde no hay significados unívocos, sino emociones contradictorias; una obra en la que nos reconocemos… incluso cuando querríamos no hacerlo. Hemos charlado con su autor, Jon Bilbao. 

Puedes seguir a Miguel Garrido de Vega, autor de esta entrevista, en su cuenta de Instagram.

Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) es ingeniero de minas y licenciado en Filología Inglesa. Es autor de los libros de cuentos Como una historia de terror (2008, Premio Ojo Crítico de Narrativa), Bajo el influjo del cometa (2010, Premio Tigre Juan y Premio Euskadi de Literatura) y Física familiar (2014); así como de las novelas El hermano de las moscas (2008), Padres, hijos y primates (2011, Premio Otras Voces, Otros Ámbitos) y Shakespeare y la ballena blanca (2013). Cuentos suyos aparecen recogidos en antologías como Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (2010), Pequeñas resistencias V (2010) y Cuento español actual (1992-2012) (2014). En Impedimenta ha publicado el volumen de relatos Estrómboli (2016), el tríptico El silencio y los crujidos (2018), Basilisco (2020) una antología de estilo western que recibió el Premio de las Librerías de Navarra, la nouvelle Los extraños (2021), Araña (2023) y Matamonstruos (2024) donde recupera a los personajes de Basilisco, Araña Los extraños en una colección de historias que alternan pasado y presente, ficción y realidad.

Antes del volcán: los cuentos recuperados (2025) recupera sus tres primeros libros de cuentos en una edición única. El Asombrario ha charlado con este escritor “de la grieta”, maestro a la hora de explorar lo incómodo y la sugerencia, acerca del paso del tiempo, de las posibilidades del cuento frente a la novela, la pareja como campo de experimentación literaria o el exceso de literalidad en las narrativas actuales, entre otros temas.

Volver a leer nuestra propia obra años después de concebirla es un ejercicio de riesgo: junto a viejas obsesiones y temas recurrentes, podríamos encontrar voces o estilos o que ya no nos representan, pero también la candidez de la juventud y hasta profecías autocumplidas. En cierto modo, podríamos decir que es como abrir un viejo álbum de fotos y reconocerse –o no– en lo que vemos. ¿Sigues identificándote hoy con el escritor que fuiste o sientes que el narrador de entonces te observa ahora con cierta extrañeza? ¿Sospechabas hacia donde se encaminarían tus pasos literarios –e incluso vitales– o todo lo contrario?

Algunos de los relatos de Antes del volcán tienen más de 25 años, aunque su publicación sea más reciente. Al releerlos, he notado el paso del tiempo, pero eso no es extraño ni preocupante. Veo la escritura como un aprendizaje continuo, también como una aventura; en cualquier caso, como un avance. Lo preocupante habría sido que esos relatos parecieran haber sido escritos recientemente. Por supuesto que me reconozco en aquellas primeras narraciones. Hay en ellas paisajes, situaciones y temas a los que he vuelto una y otra vez, sin que entonces imaginara que eso fuera a suceder. No sabía hacia dónde me encaminaba y ahora sigo sin saberlo, y me alegro. Si lo supiera, escribir sería muy aburrido.

Pese a la potencia incontestable de la trilogía del ‘Basilisco’, tu obra más reciente, es probable que quien haya seguido la trayectoria de Jon Bilbao lo identifique más como cuentista que como novelista. En un tiempo, el nuestro, el de los reels, los shorts, las stories y el titular de una línea, donde es norma lo breve, lo vertiginoso, lo que nace y caduca casi a la vez… ¿qué posibilidades, tanto desde el punto de vista de quien escribe como de quien lee, crees que sigue ofreciendo el relato como género?  ¿Y qué dificultades o prejuicios?

Pese a que llevo publicadas varias colecciones de relatos, no me considero un militante de este género. Me veo como un narrador, no como cuentista ni como novelista. Cuando una idea me atrae, no sé si terminará plasmándose en forma de relato o de novela. La trabajo, la documento, tomo notas… y en ese proceso la idea revela qué extensión se adecúa más a ella. El relato ofrece unas posibilidades y la novela, otras. Algunas son coincidentes. En ambos casos, son muchas.

Respecto a las dificultades, a mí cualquier trabajo creativo me parece sumamente complicado. Cada vez que abro un archivo nuevo en el ordenador para empezar una historia, me pregunto cómo se hacía esto. Es como empezar siempre de cero. Y en cuanto a los prejuicios, me temo que el relato tendrá que seguir cargando con el prejuicio de que es una obra menor, un entremés, algo que se hace por encargo o para rellenar el tiempo entre obras de mayor fuste, prejuicio con el que cargan quienes confunden lo cuantitativo con lo cualitativo.    

No es ningún secreto que algunos de tus personajes recurrentes, tanto en la trilogía del ‘Basilisco’ como de manera más germinal en ciertos cuentos de ‘Antes del volcán’, están inspirados en tus propias anécdotas o circunstancias vitales. Y, sin embargo, una vez pasados por el tamiz de la transubstanciación literaria, el lector no tiene la sensación de estar leyendo autoficción –signifique eso lo que signifique–, sino auténticas historias. Como si, en un panorama cada vez más dominado por la literatura confesional, tú siguieses reivindicando el poder de la imaginación. ¿Crees que la ficción necesita volver a ocupar ese espacio? ¿Cuál es tu detector para saber cuándo un hecho real puede convertirse en algo “bigger than life”?

El problema no es la literatura confesional, sino el exceso de literalidad. Parece que ya no somos capaces de leer entre líneas ni de rastrear las intenciones ocultas de un texto. Todo tiene que ser explícito; a ser posible, con el discurso por delante. Esto relega al fondo del desván algunas herramientas narrativas sumamente potentes, como la alegoría y el simbolismo; en general, todo lo que conlleve cierta medida de ambigüedad y la consiguiente participación del lector en la construcción del significado. No cuento con ningún detector de sucesos reales susceptibles de convertirse en obras de ficción. Más bien parto de hechos reales pero familiares, muy a pequeña escala, en algunos casos anodinos, que me sirven de punto de partida, de enganche con lo cotidiano, para luego embarcarme en una ficción.

Si tuviera que definir el ‘sello Bilbao’ seguramente hablaría de la ambigüedad, de inquietud latente, de la insinuación de oscuridad y la incomodidad que nace de lo cotidiano. Y es que, en la inmensa mayoría de tus relatos, los personajes parecen suspendidos en el punto exacto donde las cosas están a punto de torcerse; puede que no se quiebren de forma explícita –o no siempre–, pero intuimos que algo está a punto de cambiar, y no para bien. ¿Qué es lo que te interesa de esa frontera difusa? ¿Mejor la sensación que la razón? Es más, ¿cuál dirías que es el motivo de que las mesas de novedades parezcan inundadas de explicaciones profusas, causalidades manifiestas o juicios morales taxativos?

Te respondo parafraseando a Amos Oz: “Cuando tengo las ideas claras respecto a un tema, escribo un ensayo. Cuando no las tengo claras, escribo una novela”. A mí me cuesta mucho llegar a certezas, motivo por el que también me atrae más la ficción. No siento la necesidad personal ni la obligación para con quien me lee de llegar a respuestas claras. Esto me parece sumamente presuntuoso; cuando se logra, suele ser bien porque la complejidad del tema solo es aparente, bien porque se han eludido los aspectos que entrañan verdadera dificultad. Como escritor de ficción, me interesan más las preguntas: formularlas de la manera más precisa posible. En el caso de plantear respuestas, serán siempre personales, subjetivas, parciales y discutibles.

Otra constante en tu trayectoria: las relaciones de pareja –en todo su esplendor, complejidad y potencial para el horror–. Ahora que la liquidez advertida por Zygmunt Baumann parece haberlo alcanzado todo y a todos, también al plano sentimental, ¿por qué seguir apostando por un marco, en apariencia, íntimo y limitado como uno de tus “laboratorios literarios” predilectos? En el siglo XXI, ¿siguen quedando cosas que decir sobre este tema a la hora de explorar lo extraño y nuestra propia identidad?

Retomando el hilo de la respuesta anterior, me atrae más un planteamiento personal y subjetivo que otro a gran escala, que busque dejar testimonio de un lugar o de una época. Es la razón por la que el ámbito familiar o de la pareja se presta adecuado para mis historias. Y dado que las relaciones sociales no cesan de cambiar, y eso tiene su reflejo, o quizás su origen en la familia, a ese “laboratorio narrativo” no cesan de llegar especímenes nuevos con los que experimentar. 

El uso de los géneros –el terror, lo fantástico, lo negro, el wéstern…– como una caja de herramientas de la que extraer este o aquel recurso para solucionar tal necesidad argumental o proponer una atmósfera concreta es otra característica definitoria de tu obra. Esto se traduce en relatos desconcertantemente realistas, que deslumbran por su cercanía –podría estar ocurriéndonos a cualquiera– sin importar la mayor o menor verosimilitud de sus tesis. ¿Cuánto de intencional y cuánto de natural hay en esta visión? ¿Y qué influencia ha tenido el género en tu formación como escritor?

Me resulta difícil cuantificar las influencias. Sólo puedo decir que consumo mucho género, y seguro que una parte permea mis ocurrencias. Un tema que no cesa de interesarme son las interpenetraciones de la realidad y la ficción. Un modo de plasmarlo es recurrir a elementos propios del género, como atmósferas, escenarios o planteamientos arquetípicos y hacerlos convivir con personajes y desarrollos que sólo se pueden calificar como realistas. No creo que al consumidor actual de ficciones, que dispone de un amplio bagaje de referencias y que es inconscientemente postmoderno, eso le deba resultar chocante.

Los tres relatos extra incluidos en el libro, inéditos hasta ahora… ¿son un epílogo, una prolongación o una declaración de intenciones frente al impulso inicial que en su día motivó todos los anteriores?

Uno de ellos, Amenaza exterior, es una suerte de prefacio. Se trata de uno de los relatos más antiguos, en el que se prefigura mucho de lo que vendría más adelante. Otro, Entonces Ahora Después, que cierra el libro, funciona como enlace con otros libros más recientes.

Por otro lado, reunir tus tres primeros libros bajo un nuevo título –y que, además, el elegido sea ‘Antes del volcán’– no solo sugiere una lectura de conjunto en busca de conexiones subterráneas, sino que invita a interpretarlos en relación con el resto de tu obra. De hecho, ¿lo entiendes como el cierre de una etapa?

Me temo que la publicación de Antes del volcán no es un paso más en un “proyecto literario”, en primer lugar, porque carezco de algo que se le parezca. Los relatos recogidos en esta recopilación aparecieron en tres colecciones: Como una historia de terrorBajo el influjo del cometa y Física familiar. Las tres se hallaban descatalogadas y tanto a la editorial Impedimenta como a mí nos pareció oportuno devolverlas a las librerías en forma de un único tomo.

En alguna ocasión has mencionado que admiras a los “escritores de ideas”, que construyen su obra en torno a una serie de temas como fuerza motora. Porque, además, eso acaba alumbrando una obra viva, que se complementa, pero también se refuta mutuamente. ¿Dónde se cruzan la intuición y la idea en tu proceso de escritura? En tu caso, ¿qué ideas dirías que han sobrevivido al paso de los años y cuáles se han desmoronado?

No sabría precisar dónde se produce tal cruce entre intuición e ideas. Creo que con el tiempo se ha venido dando una mayor convivencia de una y de otras. Al principio, en los primeros relatos de Antes del volcán, me ceñía a la idea, a la planificación, a la estructura medida. Ahora me seduce más la parte intuitiva de la escritura, la que a veces escapa a la razón. Pero al mismo tiempo, en mis últimos libros los temas que me interesan aparecen de manera más manifiesta: los vínculos entre realidad y ficción, o el amor como fuerza sanadora. Eran ideas que estaban ahí desde el principio, y de las que no puedo ni quiero despegarme.

De cara a futuras publicaciones, seguirás escribiendo para explorar las fisuras de lo cotidiano y la inquietud que nace de lo pequeño… ¿o puede que –movido por la inestabilidad política y tecnológica, y por la confusión social que nos interpela– hayas detectado alguna nueva forma de temor a la realidad que también merezca ser contada?

Alguien que se dedica a la ficción no tiene la obligación de ser cronista de su época. Tampoco creo que el apresuramiento a la hora de abordar las problemáticas de cada momento sea la mejor estrategia. Por otro lado, nos guste o no, todos somos hijos de nuestro tiempo. Me inclino por que las problemáticas se vayan filtrando de manera natural en lo que escribo, señal de que son reales y me afectan.

Miguel Garrido de Vega, El Asombrario, 09/02/26 – Vuelven los cuentos de Jon Bilbao: la inquietud de lo cotidiano