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Andrés Vidau y la alegoría de los sentimientos

(Sol G. Moreno, Ars Magazine, 22/04/26) – El artista asturiano desembarca en la galería Ra del Rey con una selección de 40 pinturas centradas eminentemente en el paisaje, que supo convertir en la mejor metáfora de la identidad local durante la primera mitad del siglo XX.

La exposición Alegoría de los sentidos sobre Andrés Vidau (1908-1965) que se presenta en la galería madrileña no se plantea como una retrospectiva de su obra, sino más bien como una relectura de aquellos trabajos que el pintor desarrolló durante la primera mitad del siglo pasado.

Sus cuadros muestran esa evolución que anticipa algunos de los emplazamientos clave del arte de posguerra, con tímidos pasos hacia la abstracción. No en vano fue el gran renovador del paisaje asturiano, al reducir poco a poco los perfiles montañosos a su máxima expresión, en esa búsqueda constante por captar solo lo esencial.

El recorrido de la muestra, comisariada por Iván Dasto e integrada por casi medio centenar de pinturas procedentes de la colección particular de un familiar del artista, se organiza en torno a tres etapas claramente diferenciadas en la trayectoria de Vidau: sus trabajos realistas anteriores a la Guerra Civil, su producción expresionista de posguerra y, finalmente, las pinturas más geométricas hechas en Cataluña.

Todo ello permite trazar una línea evolutiva que se mueve entre el espacio y el silencio, las escenas de montañas al aire libre y las composiciones costumbristas de mineros o mujeres en el mercado. En todas estas obras subyace una especie de ‘estética del silencio’ que no solo debe entenderse como rasgo estilístico de Vidau, sino como una toma de posición consciente. Porque para el artista, el vacío funciona como organizador de la escena.

De modo que la reducción cromática y la contención de la pincelada construyen un espacio donde el paisaje deja de describirse técnicamente para empezar a sentirse: el aire moviendo las ramas de los olivos, la tormenta que se escucha en aquel otro paisaje lleno de nubarrones, el rítmico movimiento de la Danza asturiana

Son cuadros que nos hablan de la memoria del lugar –por ejemplo, esos perfiles de la sierra de Aramo–, pero también de la memoria de sus gentes. Así sucede en la Alegoría de Asturias conservada en el Museo de Bellas Artes de Asturias, donde la simbología del paisaje se convierte en metáfora de las tensiones sociales y económicas en la que se pintó la obra (1946). Es una pena que este óleo no haya viajado a Madrid para la ocasión, pero sí lo han hecho Marineros en el puerto pintada tres años antes, o Mercado ancestral, de 1947.

Andrés Vidau (1908-1965) fue un pintor que manifestó un interés por el dibujo de forma temprana. Se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo junto a José Uría y Uría, y durante los primeros años compaginó su pasión pictórica con el oficio de sastre. Hasta 1931 no se dedicaría por completo al arte, que inicialmente desarrolló con un estilo realista, mediante escenas que exploraban la soledad y marginación del ser humano.

Durante la Guerra Civil luchó en el bando republicano y estuvo recluido en el campo de concentración de Albatera en Alicante, experiencia que resultaría decisiva en su producción. Porque a partir de ese momento, su obra ya nunca más fue neutral. La densidad matérica aumentó, lo mismo que el gesto expresionista. De repente, los espacios de su pintura se cerraron, la luz dejó de brillar y su paleta se volvió más oscura.

En 1948 abandonó su Oviedo natal para trasladarse a Barcelona, donde ingresaría en el grupo religioso Los Amigos del Hombre, asociación filantrópica y ecologista. Es entonces cuando la figura humana va reduciéndose paulatinamente hasta prácticamente desaparecer, en pos de una geometría cargada de espiritualidad.

Alegoría de los sentidos. Andrés Vidau puede verse en la galería Ra del Rey hasta el 7 de mayo.

Sol G. Moreno, Ars Magazine, 22/04/26 – Andrés Vidau y la alegoría de los sentimientos