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¿Por qué el libro siempre es mejor que la película?

(Walter Ego, Cultura Inquieta, 11/03/2026) – En cualquier conversación que se dé entre personas que amen el cine y la literatura, hay siempre una frase sobre la mesa: el libro es mejor que la película.

Son innumerables las veces que grandes obras de la literatura universal se han adaptado a la gran pantalla. Por ejemplo, el último y polémico caso ha sido la versión libre que Emerald Fennell ha hecho de la icónica Cumbres borrascosas. En este caso en particular, sí es cierto que ha habido unanimidad a favor de la novela de Emily Brontë.

Hay grandes novelas de la literatura contemporánea que también se han convertido en películas, trilogías e incluso series de televisión muy exitosas. Son los casos de la adaptación que Peter Jackson hizo de El señor de los anillos o la que Lenny Abrahamson y Hettie Macdonald hicieron con la maravillosa historia de amor que Sally Rooney escribió en Normal People. En este caso en particular, y bajo mi punto de vista, el final de la miniserie supera al del libro.

A pesar de que sí hay veces que la película y la serie se consideran fieles a la esencia del material de partida y podemos decir que se atina a la hora de dar vida a esas historias que cada uno y cada una ha vivido de una manera totalmente personal en su cabeza, en la mayoría de los casos, el libro suele gustar más que la ficción cinematográfica.

Pero, ¿por qué crees que ocurres esto? La psicología tiene una respuesta ante este hecho y así lo explica la especialista Jennifer Delgado Suárez.


Lo que vemos primero nos deja marcas más intensas

Para que un libro se convierta en película o en serie, normalmente ha tenido un éxito previo, una comunidad de fans y varias ediciones que aseguran que la adaptación va a tener buena taquilla y buena audiencia. Es decir, es muy probable que la mayoría de las personas que vean esta película y esta serie, primero sucumbieron a la historia escrita.

Es por eso, que hay muchas personas que afirman que les gustan más los libros simplemente porque suele ser el primer contacto que han tenido con la historia.

En el ámbito de la Psicología esto se conoce como el Efecto de primacía. De hecho, una investigación realizada en la Universidad de Harvard nos indica que solemos preferir los primeros productos que nos muestran, sin importar si se trata de una lata de conserva o de un coche.

Al parecer, nuestro cerebro se queda anclado en esa primera experiencia y hace que esta tenga preponderancia sobre todos los objetos o situaciones similares que vengan después. Sin embargo, cuando hablamos de libros y películas, todo no se reduce al orden de presentación.


Los libros generan una mayor implicación

Otra teoría que afirma que los libros generan más emociones y un mayor nivel de compromiso, sensaciones más intensas de las que puede lograr una película. De hecho, si lo pensamos bien, normalmente pasamos días leyendo un libro, pensando en sus personajes y situaciones, lo cual nos permite identificarnos con sus protagonistas y vivir más intensamente la trama. Como resultado, el libro genera un mayor impacto emocional que la película, y ese sería el verdadero motivo de que prefiramos las obras escritas.

Los cinéfilos y amantes de la literatura probablemente conocerán el malestar de Stephen King con la adaptación de Stanley Kubrick de El resplandor. El escritor afirmó que la película era muy fría y que sus personajes habían perdido fuerza. Ni Shelley Duvall era tan débil ni Jack Nicholson descendió tan rápido a la locura.

Por otra parte, no podemos olvidar que la película normalmente recorta muchas escenas, perdiendo el nivel de detalles que normalmente ofrece un libro y esto hace que, en muchas ocasiones, los propios personajes pierdan su fuerza y carisma.

En este sentido, podemos pensar en varios libros en los que una buena parte de la personalidad de sus protagonistas se mostraba a través de sus diálogos internos y, obviamente, al llevarlos a la pantalla se eliminan esos monólogos en la mayoría de las veces, haciendo que el dibujo de los personajes sea liviano en comparación con los que se dibujaban en las páginas del libro.


El efecto del propietario

Otra razón por la cual nos suele gustar más el libro radica en que ya lo hemos hecho nuestro. Sufrimos lo que se conoce como Efecto del propietario. Es decir, cuando leemos un libro normalmente nuestra imaginación se desboca y recrea detalles que no existen. Imaginamos las escenas y a los personajes, les ponemos un rostro y hacemos nuestra la historia, nos identificamos plenamente con ella y durante más tiempo.

Después, cuando la vemos en pantalla, solemos decepcionarnos porque los protagonistas no son como imaginábamos y el contexto también es diferente. De hecho, aunque se trate del mismo libro, cada persona vive la trama de manera distinta y esa recreación es la que le permite hacer suya la historia.

Nuestro cerebro es bastante resistente al cambio, por lo que le resultará más complicado aceptar la visión que nos transmite otra persona sobre la historia que ya habíamos esbozado en nuestra mente.

En resumen, hay una percepción, una perspectiva y una emoción diferente en cada lector y cada lectora que existe y es por eso que es imposible satisfacer las expectativas de todos con una sola bala. Quizás lo mejor sea disfrutar de las adaptaciones cinematográficas como algo independiente y sentir envidia sana por esos pocos y esas pocas que tuvieron la suerte de inmortalizar y plasmar las sensaciones que les provocó un buen libro.


Walter Ego, Cultura Inquieta, 11/03/2026 – Por qué el libro siempre es mejor que la película, según la psicología